lunes, 27 de octubre de 2014

Corregir y reescribir, o guardar en un cajón



Hace un año, escribí una novela  Durante meses viví con unos personajes que amé y odié, que fueron y son parte de mí. Literalmente, parte de mí.  Tienen mis defectos, todos, y creo que tal vez, sólo una virtud, que también es mía. Probablemente, la única que tengo.
Con esa, mi primera novela, he tenido más decepciones que satisfacciones. Sin embargo, he sentido más satisfacciones que decepciones.  Muy poco tiempo después, comencé a escribir otra, que no he terminado pero que si tiene, un final escrito. Que cierra, que está bien, pero falta mucho trabajo.  Y que tiene personajes mucho más ajenos a mí.  Será por eso que no la quiero tanto. Que es acaso, una historia que se me ocurrió y desarrollé.  Pero desde un lugar más lejano. No vivo con los personajes, no los adoro, no los odio; simplemente están y van haciendo y diciendo lo que les ordeno.
Mi novela, la que es mía, la de mis entrañas, la escribí sin dudas en que fue el peor año de mi vida.  El 2 de abril, tuve más de un metro de agua dentro de mi casa, en la que fue la peor inundación que sufriera la ciudad de La Plata.  El 8 de septiembre, un mes después de haberla terminado, falleció mi padre. No sabría explicar el dolor que me atravesó.  Y yo que buscaba que él me aprobara. Y no llegó a leerla.

En medio de ese dolor, del que nunca acabaré de recuperarme, comencé a enviar el manuscrito a las editoriales.  Una y otra vez enormes sobres marrones partían de mi casa camino a los que podrían darme una oportunidad.  Los primeros días eran expectativas, ilusión.  Después se convertía en espera, ansiedad.  Más tarde, sólo decepción. Mientras tanto, escribía la segunda novela.  Todo el dolor que acumulaba día a día, se convertía en páginas.  No quería ni siquiera permitir que la pantalla estuviera en blanco.  Tenía que seguir y seguía; a veces sin ganas; a veces mojando el teclado mientras lloraba; tal vez, algún día, me hacía fuerte y partía hacia la biblioteca a investigar complicados libros sobre diferentes drogas o a la hemeroteca a seguir leyendo sobre juicios, pruebas, abogados y sentencias. Hablaba frecuentemente con un guardiacárcel que me contaba cómo eran en realidad las cárceles, que no eran cómo las de la televisión. Y mientras tanto continuaba esperando alguna respuesta. Un día, en la presentación de una novela, conocí a una editora a la que mi nombre le sonaba conocido.  Si, claro, le había enviado también el manuscrito.  Había leído mi historia, o quizás, parte de ella.
-          Reescribila – me dijo – reconvertila en una novela romántica, es lo que las lectoras buscan de una mujer.
¿No cabía acaso la posibilidad de que algunos hombres quisieran leerla?  Según la editora, no.  - Sólo buscan romántica – me dijo.
¿Cómo hacía yo para convertir una novela sobre política, con tintes policiales, en una edulcorada novela rosa? ¿Y si yo no quería? No, no quería, ni quiero hacerlo.  ¿Quedará acaso condenada a vivir en un cajón? ¿La reconvertiré?

Durante dos meses, me lo he planteado.  La respuesta es no.  Vivirá en un cajón.  Tal vez, vuelva a corregirla. Pero no cambiará.  El mundo está en constante movimiento y las cosas cambian.  Pero no mi novela.


Escribo este post para exorcizar la idea de reescribir.  Quedará guardada, quizás para siempre, pero no cambiará.  A veces creo que voy a insistir. A veces, no. Pero lleva mucho de mí, y eso es mucho más fuerte que lo que crean los editores.

jueves, 2 de octubre de 2014

Capítulo 3.



3.

Marina le rogó durante meses a Guillermo para ir juntos a ver al médico de la familia por el tema de los olvidos.

-           Te dije que estoy tapado de trabajo.  No insistas con ese tema.  Tengo la cabeza en          cuestiones más importantes que cerrar una canilla.

-           Pero, ¿y si fuera Alzheimer?

-           ¡Vos estás loca! Imaginate que yo consulto por eso. En dos días lo sabe todo el   pueblo y yo estoy en campaña.  ¡Años me llevó sacarme de encima el estigma del           padre loco y vos querés que ahora digan que lo heredé! ¡Fíjate que en el laburo no    me olvido de nada, por favor Marina!


Era verdad.  El trabajo lo mantenía activo y alerta.  Campeaba dificultades tales como denuncias penales por extorsión, algunos aprietes y siempre salía indemne.  Tenía un grupo de trabajo que él mismo había entrenado en estos años.  Si alguna falla se presentaba, todos eran capaces de cubrirla.  Siempre me quedaba la duda de si resolvían la situación por lealtad a su jefe, por la creencia en los ideales del partido, por el bien de la provincia o porque a todos les convenía que nada cambiara.  Tampoco a Guillermo le convenía.


Cuando se presentó como candidato para su segundo mandato, habló con su mujer.


-           Sabes que van a usar toda la artillería contra mí.  Tenemos que andar con cuidado.          Van a aparecer asuntos viejos.  Los tipos del canal local están del otro lado y ya me          advirtieron que un puntero que se nos dio vuelta andaba buscando pista y hacerse        unos mangos en el programa del Gallego Sanchez.

-           ¿Pero qué cosas tan graves pueden aparecer?

-           No sé. Nosotros, a veces, para mover un poco el avispero del partido, hablamos con        algunas personas y, lamentablemente algunos muchachos a veces se ponen        demasiado persuasivos, medio pesados, ya sabés.
-
           ¿Cómo “nosotros”? ¿quiénes son “nosotros”? ¿y quiénes se ponen pesados y con             quién?

-           Pavadas. Cuestiones de la interna.  Nada grave. Vos tranquila. Lo único que te pido       es que no armes viajes grandes y postergá un poco el cambio del auto.  Una vez que           se gane la sección se termina.  No pasa nada. Caminemos con cuidado. ¿Estamos?

-           Pero ¿en qué les va a afectar a las chicas? Ellas salen, tienen amigos, ahora son más         grandes, tienen su vida…

-           Bastante disfrutan vos y ellas de esta posición.  No te pongas quisquillosa ahora.             Me avisaron que tengo a la Agencia Impositiva encima.  Si cae alguno por acá,        llamá al contador que él se ocupa.  No les entregues nada ni hables.  Eso va para          cualquiera que aparezca.  Y la empleada esa nueva que tomaste, labura también en      lo de Román, ojo con lo que se habla.  Que estas minas por dos pesos repiten todo.

-           ¿Ahora también tengo que cuidarme de las chicas que me ayudan? Nieves es una            chica de trabajo y está con Belén en la escribanía, no intentes digitarme también        eso.

-           Si, claro. Como si andar en yunta con Belén fuera garantía de algo.

-           No te metas con Belén.  Sería incapaz de hacer algo que nos lastimara A pesar de lo        poco que se quieren, tratá de respetarla por lo menos.  Voy a hacer todo lo que   decis.  No involucres más a nadie y teneme al tanto porque demasiado no entiendo.



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