9.
Hubo tres inspecciones
más al mando del Licenciado Marquez.
Algún café compartieron en la cocina con esa intimidad que les daba que
él hubiera cumplido en avisarle que iba a ir el equipo a su casa.
No hubo otras novedades
ni notificaciones de la Agencia Fiscal, ni noticias de Alejandro Marquez. Una vez le conté a Marina que lo había
cruzado y me contestó con cierto desinterés.
Estaba preocupada por algo. Se le
notaba. No me dijo y no le pregunté.
Guillermo le mandó un
mensaje por intermedio de su secretaria avisándole que se demoraría porque
tenía que ir a un entierro.
- Murió el diputado Salas de
Pringles. Mucho más no sé Marina. Salieron de acá hace un rato. Regresan a
media tarde y a la noche me dijo que va para Ojo de Agua.
Llegó muy alterado.
- Lo mataron ¿entendés? Lo sacaron de la ruta.
- ¿Pero están seguros? ¿No puede ser
que se le haya reventado una cubierta o que se haya
dormido?
- No entendés. Estamos en el medio de una de las internas
más sangrientas. El gordo tenía doce mil votos. Y todos los querían. Lo limpiaron.
Nos vienen apretando de todas
partes, mañana a primera hora tenemos una reunión para ver qué hacemos.
- ¿No estarán exagerando ustedes? Después de todo es una interna. No un voto en
la ONU.
- No sé por qué no me quedé en La
Plata. Hablar con vos de estas cosas es al
pedo.
Una cosa era cierta,
para Guillermo la interna del partido era una cuestión fundamental, y para
Marina, a esta altura, era poco menos que nada.
- Mañana andá al banco y sacá los
últimos dos depósitos que hice. Fijate
en el resumen de cuenta. Pedí dos cheques de caja.
- ¿Para qué?
- ¿Me escuchaste? Estamos por perder
doce mil votos. Tengo cerebros y
corazones que convencer.
- No la voy a retirar. No necesitás hacer eso Guillermo, vos sos
mucho más que eso. Siempre lo fuiste, por qué no volvés un
poco sobre tus pasos y…
- Mirá, si no hago las cosas como
corresponden y perdemos la elección, poca de esta vida nos va a quedar y ahí si vamos a tener que volver sobre
nuestros pasos. ¿Vos estás dispuesta? Decime Marina ¿estás
dispuesta?
Estaba furiosa. Él tenía razón. Ella no estaba dispuesta a dejar nada de lo
que tenía. Después de todo, me dijo, si
dentro de unos años iba a tener que lidiar con un hombre enfermo, no le
encontraba explicación posible a que todo su dinero fuera a parar a las manos
de unos vividores sin destino.
Necesitaba disfrutar de su vida.
Ahora. Con su marido o sin él.
...
10.
... Después de la comida,
los hombres caminaron en pequeños grupos, simulando preparar los equipos para
el partido. Las mujeres sabían y casi
todas simulaban ser simples amas de casa, hablando de plantas, hijos y lámparas.
- ¿Inauguraste tu local de decoración?
- Si. Estoy super contenta. Cumplí un
sueño con esto. Además mis hijos están
los dos en la capital estudiando y yo
no sabía qué hacer con Roberto todo el tiempo fuera de casa.
- ¿Y? ¿qué tal?
- Mirá, está lenta la economía, pero
Roberto me dio vía libre con el dinero para la inversión. Sé que voy a tratar un buen tiempo en
recuperarla. Fue grande, pero, paciencia…
- Claro, todo es difícil. Te felicito entonces.
Se hizo un silencio
bastante incómodo. Varias de las esposas
que estaban ahí, sabían que Roberto en realidad no era un devoto y generoso
esposo.
Cambiaron de tema y al
parecer una de ellas estaba muy interesada en hablar de la muerte del diputado
de Pringles.
- Dicen que se durmió…
- No creo, estaba muy acostumbrado a
manejar, no lo hubiera hecho si no estaba descansado.
- No sé por qué no usaba al
chofer. Con los kilómetros que recorren
por semana, no pueden tener la
cabeza en la ruta y en el laburo.
- Me dijeron que tomaba algo para
relajarse, tal vez fue eso.
- Tomaría como todos un poco de
clonazepan para dormir, pero no durante el día.
- Viste que llegamos a una edad en la
que el clonazepan se hace indispensable.
- Es que el tema de la mujer lo tenía
mal…
- ¿Por qué? ¿Qué pasó con Alcira? me
dijo Pablo que estaba destrozada…
- Si, destrozada ahora. La culpa la va
a matar. Quería divorciarse.
- No te puedo creer, esa no la sabía
¿Alcira?
- No lo creas, todo se sabe.
Marina sabía que esas
palabras ya las había escuchado y optó por el silencio.
- Es que la interna los tiene locos.
- Y si la mujer lo quiere dejar…
- Señoras, les parece si vamos a buscar
unos jugos, seguro las chicas en la cocina tienen
preparado algo rico.
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