domingo, 8 de marzo de 2015

Que las hay... las hay.




No creo en las historias de amor. No creo en esas historias de las novelas, en la que dos personas separadas se desgarran y no encuentran la paz hasta que la vida los reencuentra. Creo en el compañerismo, la atracción, el erotismo, el cariño... pero esos relatos que escucho y leo ávidamente, no los siento reales. Me cuesta pensar en que realmente existan.

Cuando mis padres se conocieron, allá por los 60,el único libro que había leído mi mamá era "Corazón" de Edmundo De Amicis.  En el campo, y por aquellos tiempos, para ella, la urgencia, no era leer.  Ni siquiera una vieja y pequeña edición de "Alicia en el país de las maravillas" que le habían regalado siendo muy pequeña y que hoy atesoro en mi biblioteca.  Sólo "Corazón". Además no tenía el mejor recuerdo de ella.  Decía, y sigue diciendo, que era extremadamente triste.  Mi papá, por el contrario, era un ávido lector. También, se había criado en el campo y casi sin instrucción oficial, sólo 6° grado, que era lo máximo a lo que se podía aspirar en la vieja escuela del paraje. Pero, alejado de las tareas cotidianas de la estancia, que no le gustaban y de las que huía en cuanto podía, se dedicaba a leer todo lo que caía en sus manos. El diario que el abuelo compraba en el pueblo cada 15 días, libros que le pedía a la maestra, novelas que sacaba de la casa de los patrones, revistas que encontraba por ahí... todo era bueno para aprender.  Una vieja anécdota que contaba mi abuela, decía que mi papá leía de noche, cuando la luz del farol a querosén, tenía que apagarse, con un espiral, soplando la punta encendida para que se viera mejor.  Nunca sabré si era verdad o no, pero forma parte de mis recuerdos y los de mi querida abuela Amalia.

Mi padre siempre se burlaba de mi mamá por la única novela que ella había leído, y siempre que podía, aprovechaba para ´amenazarla´, diciéndole que sería su próximo regalo de cumpleaños.

Hace dos años, en abril del 2013, el día de su cumpleaños, papá me contó que en uno de los innumerables remates a los que asistía, había comprado, la edición de 1947 que ilustra este post,  la famosa novela, probablemente la misma edición que mi mamá había leído. Muy serio me dijo: "Tomá, dásela a tu madre..." Hacía 38 años que se habían separado.  

Yo supe, en ese momento, como lo sabía él, que era su manera de despedirse de la madre de sus hijas, de la abuela de sus nietos. De su compañera, a pesar de no estar juntos.

Seis meses después, murió, Solo, tranquilo mientras dormía. Después de 13 años de un ACV por el que le habían dado sólo seis meses de vida, su corazón le dijo ´basta, hasta acá llegamos, Antonio´...

Estoy convencida, se fue en paz.  Me ha costado mucho, entenderlo.  Ayer, lo entendí. Ahora, estamos los dos en paz.

No creo en las historias de amor, pero que las hay... las hay.


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