lunes, 25 de agosto de 2014

El problema son los negros.




-          Andá, andá a dar otra vuelta.  Una vecina llamó, dijo que anoche escuchó ruidos por los techos.  Pasando el lago, la segunda casa.  Preguntale a la vieja, te va explicar.

-          ¿Te fijaste, vos?

-          ¿Cuándo?

-          Cuando llamó la mujer, ¿no fuiste?

-          Ni en pedo. Hacía un tornillo de puta madre. Le dije que iba, pero me quedé tomando unos mates. Después llamó y le dije que había pasado y que estaba todo normal, que serían unas ramas.

-          Yo pensé que teníamos que ir enseguida, ni bien llamaba el vecino.

-          Acá, vas cuando yo te digo. Nos pagan para ir a ver si alguno de los negros de la villa saltó el alambrado. Y un poco para vigilar que los vecinos no se afanen entre ellos.  Lo vas a ir aprendiendo.  Al principio todos creen lo mismo.  Los negros no son tanto problema, saltan cada tanto el alambrado, pero porque tienen de noviecita a alguna sirvienta de acá.  Los tenemos más o menos ubicados.  Quedate un rato frente a las pantallas y los vas a ver.

-          ¿Y los dueños? ¿No se quejan?

-          ¿De qué se van a quejar? Les damos sensación de seguridad, entendés.  Viven encerrados, hay cámaras… vienen a vivir acá porque les da categoría, eso creen.  Y sensación de que están seguros.  Las mujeres van a la casa de otras, al house, a jugar al tenis y saben que nadie les va a afanar la cartera, el auto… mandan solos a los pibes a la colonia, los crían así.  Cuando los pibes se hacen grandes, lo primero que les pasa cuando salen a la calle es que les roban y los fajan.  Son pibes sin calle, entendés.

-          ¿Pero qué le digo a la mujer? ¿Que vos fuiste anoche?

-          Decile que doblamos la vigilancia.  Echale una miradita a la casa y decile que tenemos una cámara vigilando la casa 24 horas.

-          ¿Y pusiste la cámara, entonces?

-          No, boludo. Esperá que le abro a este tipo y te explico.  Tenés mucho para aprender, flaco…

-           “No se disculpe, por favor.  Siempre pasa, ya va  a aprender la clave.  No se preocupe, para eso estamos nosotros. No, por favor, faltaba más. Es nuestro trabajo. Que tenga buen día.”

-          Ves, pibe, así es el tema.  Les haces sentir que te deben algo.

-          Pero si para eso nos pagan…

-          No, querido, nos pagan para sentirse así, no para que les hagamos caso.  Saludas bien, cuando entran o cuando salen.  Si alguna mina te llama, vas, la tratas siempre como si fuera una reina. Si, señora; no, señora; usted tiene toda la razón, señora.  Nunca las tuteas, jamás.  Ni que te lo pidan, entendés.  Te piden que les bajes el gato del árbol, se lo bajas.  Te piden que les llames un remis, lo llamás.  Después los maridos pasan y te dejan unos mangos, las minas les cuentan, entendés… los tipos no quieren que las mujeres les rompan las pelotas con boludeces, para eso estamos nosotros.

-          ¿Y nos pagan aparte por eso?

-          No, boludo, no nos pagan.  Lopez, ¿escuchás lo que dice este nabo? Nos tiran una propina, cada tanto.  Sobre todo los nuevos.  Los recién llegados son los mejorcitos, o los que vienen solamente los fines de semana.  Te dejan un sobrecito, una botella de vino, un tele que ya no usan, esas cosas, ¿me entendés, pibe?

-          Yo salía con una minita que laburaba acá y la mujer le regalaba ropa que ya no usaba, un poco de comida…

-          Eso con las minas que vienen a limpiar o las niñeras.  Nosotros estamos por arriba. ¡Lopez, hacete unos mates que con éste tengo para rato! Somos la seguridad, la justicia, pibe.  A las sirvientas, las tienen un tiempo y las rajan.  ¿Sabés las minas que vi pasar por acá? ¿Viste la casa amarilla, acá nomás, la 165? ¿La ubicás? Bueno, ahí pasa una mucama nueva por semana.  Las toma a prueba, las tiene unos días y las raja… no les tira un sope.  Acá es así. Acostumbrate.  Pero a nosotros no nos pueden rajar, a nosotros nos contrata la empresa que tiene arreglo con la administración.  Estamos en blanco, tenemos ART y a nosotros nos tienen respeto los vecinos. Bah, respeto no, miedo en realidad.  Y les mantenemos alejados a los negros.  Ese es nuestro trabajo.  Alejarles a los negros.  Viven en una nube de pedos, como no los ven, creen que no existen.  Por eso se vienen a vivir acá.  Tenés mucho para aprender, flaco, todavía.

-          ¿Pero y si en una ronda ves que uno de estos pibes de la villa se meten qué hago? ¿Los corro? ¿Llamo a la cana? ¿Aviso? ¿Qué hago?

-          Tirás unos cuetazos y avisás a la guardia por radio.

-          Cuetazos, cuetazos? 

-          Boludo, ¿qué son cuetazos? Si, tirás nomás.

-          ¿Y si lo mato? ¿Qué? ¿No pasa nada? ¿Estás en pedo?

-          ¿Flaco, vos habías laburado antes en un lugar como este?

-          No, primera vez. Yo me quedé sin laburo en la fábrica y empecé a buscar otra cosa. Los pibes, mi mujer, viste… y mi primo me recomendó acá, bah, con la empresa.  Fui me preguntaron si sabía manejar armas, le dije que cuando era pibe iba a cazar bastante con mi viejo y mi tío.  Carabina, viste.  Perdices, liebres, esos bichos.  Llené unos papeles, me hice el psicofísico, me dieron el uniforme, la pistola y acá estoy.  No es como que hubiera hecho un curso o algo así.  Qué se yo, mi primo conoce a uno de los dueños…

-          Ajá.  Mirá acá casi todos pertenecimos a la fuerza.  Canas, viste.  Cosas, por boludeces nos tuvimos que ir, ¿entendés? Y nos toman estas empresas.  No preguntan demasiado, qué se yo, los tipos arreglan todo. No nos garpan mucho, pero es lo que hay.  Por eso, acá nadie se va a estar jugando el cuero. Acompañamos a los vecinos, ¿entendés? Acompañamos y protegemos. ¡Lopez, escuchá! “protegemos a los vecinos”, escuchá Lopez, ¡me salió buena esa!  Lo vas a ir viendo, pibe. Cualquier cosa, preguntás.  Y volviendo a lo que preguntaste, los cuetazos al aire son para asustar, en general, los negros rajan y ¿vos qué sos, eh, qué sos? ¿qué sos? Un héroe, los protegiste del negro.  Es lo que buscan. No más qué eso.  ¿Me vas entendiendo, pibe? Nos pagan para ocuparnos.

-          Pero, y los robos que dicen que hay acá.  El administrador me dijo que habían aumentado en el último año…

-          No, pibe. Son los mismos vecinos los que afanan.  Pavadas, un rastrillo, una cortadora de césped, alguna billetera, por ahí, cuando dejan las puertas abiertas.  Nada grave, pilchas… lo más grande que se afanaron fue una bomba de agua, un motor de esos de pileta. En enero pasó, los dueños se habían ido de vacaciones y cuando volvieron no la encontraron y el agua estaba toda podrida.  Ahora, andá a buscarla… pileta tienen casi todos acá y encima agarrás la bomba, la cargás a un baúl y listo, en media hora la sacaste del barrio.

-          Pero, si revisamos los autos… ayer, López tuvo a un remisero media hora parado.  Con el otro mirábamos y nos cagábamos de risa de la calentura que tenía el tipo.

-          Eso es otra cosa, a los remiseros y a los que vienen a laburar, los revisamos. A los socios, no.  El otro día un remisero me dijo: “Vea que ahora le voy a cobrar espera al cliente por retenerme acá”. “Vea”, le dije “me chupa un huevo”.  Escuchalo al tipo, amenazándome.  Negros de mierda, no sirven para nada y laburan de remiseros, ¿qué mierda, se creen? inútiles.  Con el culo todo el día en el asiento, que aprendan lo que es laburar de verdad.  Lopez, ¿lo escuchaste vos al boludo del remisero? El otro día, Lopez, ¿lo escuchaste?

-          Pero están laburando…

-          Bueh, y nosotros, ¿qué? Lopez, atendé que llaman, Lopez! ¿Por donde iba? Ah si. Escuchá, pibe… ¿qué Lopez? Si, ya va… te decía, el problema son los negros, los tenemos que mantener alejados.  Cumplí con eso y no vas a tener ningún problema.  Vos, cueteá, cueteá al aire y si se pone espeso le tirás a las patas. No joden más.  Armados no están nunca, alguna faca como mucho, nada grave.  Cueteá, hermano, no pasa nada. Todo queda acá. Los vemos merodeando, ¿viste? Te das cuenta, caminan despacito al lado del alambrado y nos hacemos los boludos, ellos y nosotros. Andan bichando. Lo importante es que no entren.  ¿Sabés lo que hacen? Pispean y de última, le tiran un par de piedras, acá, a dos cuadras, la gente para y ahí les afanan.  Pero, ya no es nuestra responsabilidad, ¿entendés? Afuera, es otro tema. Mirá, yo hace un par de años, cueteé a uno.  ¿Vos te pensás que alguien me vino a reclamar algo? Vino la cana, se llevó al fiambre y nada. El patrullero era un pibe que empezó cuando yo me fui.  Lo conocía.  Era uno de estos negros conocidos, rateros, ¿entendés? Veinte entradas en la comisaría.  Entraba y salía.  Lo estaban esperando para cuetearlo cualquier noche.  Pero a los pibes de la oficial se les hace más complicado.  Viste que andan jodiendo con esto del “gatillo fácil”.  Nosotros, ni drama. ¿Quién nos va a reclamar? Es más ese fue el fin de año que más propinas ligué.  No dijimos nada, pero acá todo se sabe, los vecinos, chochos. Y al poquito tiempo me empezaron a pagar un plus. ¿Entendés, pibe, de qué va la cosa acá? Vos, tranquilo.  Ya sabés.  Acá hacemos nuestras propias reglas, pibe.  Mantenemos alejados a los negros, para eso nos pagan. Andá, andá, que la vieja llamó de nuevo.  Dejamela tranquila, decile que andan unos gatos dando vueltas porque aparecieron unas liebres en el bosquecito.  Decile que es eso y dejala conforme.  Yo me estaba por ir pero me quedé hablando con vos y se hizo la hora en la que salen las niñeras.  Es de lo que más me gusta.  Les reviso los bolsos, las carteras, medio que las toqueteo revisándoles los bolsillos de las camperas.  Se quedan calladitas, a las minas les gusta tener miedo.  Después les hago unos ojitos y las dejo ir.  Alguna pica.  Vos andá y calmame a la vieja que otro día te dejo a las niñeras para vos.  Ya sabés, acá el problema son los negros.  Acordate de eso y tenés laburo para rato. Andá, pibe, andá.









                                                                            

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