-
Andá, andá a dar otra vuelta. Una vecina llamó, dijo que anoche escuchó
ruidos por los techos. Pasando el lago,
la segunda casa. Preguntale a la vieja,
te va explicar.
-
¿Te fijaste, vos?
-
¿Cuándo?
-
Cuando llamó la mujer, ¿no fuiste?
-
Ni en pedo. Hacía un tornillo de puta madre. Le
dije que iba, pero me quedé tomando unos mates. Después llamó y le dije que
había pasado y que estaba todo normal, que serían unas ramas.
-
Yo pensé que teníamos que ir enseguida, ni bien
llamaba el vecino.
-
Acá, vas cuando yo te digo. Nos pagan para ir a
ver si alguno de los negros de la villa saltó el alambrado. Y un poco para
vigilar que los vecinos no se afanen entre ellos. Lo vas a ir aprendiendo. Al principio todos creen lo mismo. Los negros no son tanto problema, saltan cada
tanto el alambrado, pero porque tienen de noviecita a alguna sirvienta de acá. Los tenemos más o menos ubicados. Quedate un rato frente a las pantallas y los
vas a ver.
-
¿Y los dueños? ¿No se quejan?
-
¿De qué se van a quejar? Les damos sensación de
seguridad, entendés. Viven encerrados,
hay cámaras… vienen a vivir acá porque les da categoría, eso creen. Y sensación de que están seguros. Las mujeres van a la casa de otras, al house,
a jugar al tenis y saben que nadie les va a afanar la cartera, el auto… mandan
solos a los pibes a la colonia, los crían así.
Cuando los pibes se hacen grandes, lo primero que les pasa cuando salen
a la calle es que les roban y los fajan.
Son pibes sin calle, entendés.
-
¿Pero qué le digo a la mujer? ¿Que vos fuiste
anoche?
-
Decile que doblamos la vigilancia. Echale una miradita a la casa y decile que
tenemos una cámara vigilando la casa 24 horas.
-
¿Y pusiste la cámara, entonces?
-
No, boludo. Esperá que le abro a este tipo y te
explico. Tenés mucho para aprender,
flaco…
-
“No se
disculpe, por favor. Siempre pasa, ya
va a aprender la clave. No se preocupe, para eso estamos nosotros.
No, por favor, faltaba más. Es nuestro trabajo. Que tenga buen día.”
-
Ves, pibe, así es el tema. Les haces sentir que te deben algo.
-
Pero si para eso nos pagan…
-
No, querido, nos pagan para sentirse así, no
para que les hagamos caso. Saludas bien,
cuando entran o cuando salen. Si alguna
mina te llama, vas, la tratas siempre como si fuera una reina. Si, señora; no,
señora; usted tiene toda la razón, señora.
Nunca las tuteas, jamás. Ni que
te lo pidan, entendés. Te piden que les
bajes el gato del árbol, se lo bajas. Te
piden que les llames un remis, lo llamás.
Después los maridos pasan y te dejan unos mangos, las minas les cuentan,
entendés… los tipos no quieren que las mujeres les rompan las pelotas con
boludeces, para eso estamos nosotros.
-
¿Y nos pagan aparte por eso?
-
No, boludo, no nos pagan. Lopez, ¿escuchás lo que dice este nabo? Nos
tiran una propina, cada tanto. Sobre
todo los nuevos. Los recién llegados son
los mejorcitos, o los que vienen solamente los fines de semana. Te dejan un sobrecito, una botella de vino,
un tele que ya no usan, esas cosas, ¿me entendés, pibe?
-
Yo salía con una minita que laburaba acá y la
mujer le regalaba ropa que ya no usaba, un poco de comida…
-
Eso con las minas que vienen a limpiar o las
niñeras. Nosotros estamos por arriba. ¡Lopez,
hacete unos mates que con éste tengo para rato! Somos la seguridad, la
justicia, pibe. A las sirvientas, las
tienen un tiempo y las rajan. ¿Sabés las
minas que vi pasar por acá? ¿Viste la casa amarilla, acá nomás, la 165? ¿La
ubicás? Bueno, ahí pasa una mucama nueva por semana. Las toma a prueba, las tiene unos días y las
raja… no les tira un sope. Acá es así.
Acostumbrate. Pero a nosotros no nos
pueden rajar, a nosotros nos contrata la empresa que tiene arreglo con la
administración. Estamos en blanco,
tenemos ART y a nosotros nos tienen respeto los vecinos. Bah, respeto no, miedo
en realidad. Y les mantenemos alejados a
los negros. Ese es nuestro trabajo. Alejarles a los negros. Viven en una nube de pedos, como no los ven,
creen que no existen. Por eso se vienen
a vivir acá. Tenés mucho para aprender,
flaco, todavía.
-
¿Pero y si en una ronda ves que uno de estos
pibes de la villa se meten qué hago? ¿Los corro? ¿Llamo a la cana? ¿Aviso? ¿Qué
hago?
-
Tirás unos cuetazos y avisás a la guardia por
radio.
-
Cuetazos, cuetazos?
-
Boludo, ¿qué son cuetazos? Si, tirás nomás.
-
¿Y si lo mato? ¿Qué? ¿No pasa nada? ¿Estás en pedo?
-
¿Flaco, vos habías laburado antes en un lugar
como este?
-
No, primera vez. Yo me quedé sin laburo en la
fábrica y empecé a buscar otra cosa. Los pibes, mi mujer, viste… y mi primo me
recomendó acá, bah, con la empresa. Fui
me preguntaron si sabía manejar armas, le dije que cuando era pibe iba a cazar
bastante con mi viejo y mi tío.
Carabina, viste. Perdices,
liebres, esos bichos. Llené unos
papeles, me hice el psicofísico, me dieron el uniforme, la pistola y acá
estoy. No es como que hubiera hecho un
curso o algo así. Qué se yo, mi primo
conoce a uno de los dueños…
-
Ajá. Mirá
acá casi todos pertenecimos a la fuerza.
Canas, viste. Cosas, por
boludeces nos tuvimos que ir, ¿entendés? Y nos toman estas empresas. No preguntan demasiado, qué se yo, los tipos
arreglan todo. No nos garpan mucho, pero es lo que hay. Por eso, acá nadie se va a estar jugando el
cuero. Acompañamos a los vecinos, ¿entendés? Acompañamos y protegemos. ¡Lopez, escuchá!
“protegemos a los vecinos”, escuchá Lopez, ¡me salió buena esa! Lo vas a ir viendo, pibe. Cualquier cosa,
preguntás. Y volviendo a lo que
preguntaste, los cuetazos al aire son para asustar, en general, los negros
rajan y ¿vos qué sos, eh, qué sos? ¿qué sos? Un héroe, los protegiste del
negro. Es lo que buscan. No más qué
eso. ¿Me vas entendiendo, pibe? Nos
pagan para ocuparnos.
-
Pero, y los robos que dicen que hay acá. El administrador me dijo que habían aumentado
en el último año…
-
No, pibe. Son los mismos vecinos los que
afanan. Pavadas, un rastrillo, una
cortadora de césped, alguna billetera, por ahí, cuando dejan las puertas abiertas. Nada grave, pilchas… lo más grande que se
afanaron fue una bomba de agua, un motor de esos de pileta. En enero pasó, los
dueños se habían ido de vacaciones y cuando volvieron no la encontraron y el
agua estaba toda podrida. Ahora, andá a
buscarla… pileta tienen casi todos acá y encima agarrás la bomba, la cargás a
un baúl y listo, en media hora la sacaste del barrio.
-
Pero, si revisamos los autos… ayer, López tuvo a
un remisero media hora parado. Con el
otro mirábamos y nos cagábamos de risa de la calentura que tenía el tipo.
-
Eso es otra cosa, a los remiseros y a los que
vienen a laburar, los revisamos. A los socios, no. El otro día un remisero me dijo: “Vea que
ahora le voy a cobrar espera al cliente por retenerme acá”. “Vea”, le dije “me
chupa un huevo”. Escuchalo al tipo,
amenazándome. Negros de mierda, no
sirven para nada y laburan de remiseros, ¿qué mierda, se creen? inútiles. Con el culo todo el día en el asiento, que
aprendan lo que es laburar de verdad.
Lopez, ¿lo escuchaste vos al boludo del remisero? El otro día, Lopez, ¿lo
escuchaste?
-
Pero están laburando…
-
Bueh, y nosotros, ¿qué? Lopez, atendé que
llaman, Lopez! ¿Por donde iba? Ah si. Escuchá, pibe… ¿qué Lopez? Si, ya va… te
decía, el problema son los negros, los tenemos que mantener alejados. Cumplí con eso y no vas a tener ningún
problema. Vos, cueteá, cueteá al aire y
si se pone espeso le tirás a las patas. No joden más. Armados no están nunca, alguna faca como
mucho, nada grave. Cueteá, hermano, no
pasa nada. Todo queda acá. Los vemos merodeando, ¿viste? Te das cuenta, caminan
despacito al lado del alambrado y nos hacemos los boludos, ellos y nosotros.
Andan bichando. Lo importante es que no entren.
¿Sabés lo que hacen? Pispean y de última, le tiran un par de piedras,
acá, a dos cuadras, la gente para y ahí les afanan. Pero, ya no es nuestra responsabilidad, ¿entendés?
Afuera, es otro tema. Mirá, yo hace un par de años, cueteé a uno. ¿Vos te pensás que alguien me vino a reclamar
algo? Vino la cana, se llevó al fiambre y nada. El patrullero era un pibe que
empezó cuando yo me fui. Lo
conocía. Era uno de estos negros
conocidos, rateros, ¿entendés? Veinte entradas en la comisaría. Entraba y salía. Lo estaban esperando para cuetearlo cualquier
noche. Pero a los pibes de la oficial se
les hace más complicado. Viste que andan
jodiendo con esto del “gatillo fácil”.
Nosotros, ni drama. ¿Quién nos va a reclamar? Es más ese fue el fin de
año que más propinas ligué. No dijimos
nada, pero acá todo se sabe, los vecinos, chochos. Y al poquito tiempo me
empezaron a pagar un plus. ¿Entendés, pibe, de qué va la cosa acá? Vos,
tranquilo. Ya sabés. Acá hacemos nuestras propias reglas,
pibe. Mantenemos alejados a los negros,
para eso nos pagan. Andá, andá, que la vieja llamó de nuevo. Dejamela tranquila, decile que andan unos
gatos dando vueltas porque aparecieron unas liebres en el bosquecito. Decile que es eso y dejala conforme. Yo me estaba por ir pero me quedé hablando
con vos y se hizo la hora en la que salen las niñeras. Es de lo que más me gusta. Les reviso los bolsos, las carteras, medio
que las toqueteo revisándoles los bolsillos de las camperas. Se quedan calladitas, a las minas les gusta
tener miedo. Después les hago unos
ojitos y las dejo ir. Alguna pica. Vos andá y calmame a la vieja que otro día te
dejo a las niñeras para vos. Ya sabés,
acá el problema son los negros. Acordate
de eso y tenés laburo para rato. Andá, pibe, andá.
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